Tener un chalet se ha identificado durante mucho tiempo con la solvencia económica. La compra de uno llega, tradicionalmente, como la realización final de ese duro trance que es el ahorro, y supone contar, por fin, con un espacio propio para relajarse durante el período vacacional. Sin embargo, la realidad actual es que no se trata únicamente de una vivienda alternativa y secundaria. Cada vez más personas optan.